Peluquería
Peluquería Recuerdo claramente la sensación de ir a la peluquería con Andrómeda, antes del diagnóstico y después. Antes era inquietante no saber por qué le molestaba tanto todo el procedimiento cuando a su hermana no le fastidiaba tanto ni a los otros niños. Andrómeda lloraba todo el tiempo, y había que sujetarla encima y la peluquera cortaba rápido. Regresábamos a casa, agotados del proceso. Recuerdo que así fue por lo menos los primeros 5 años. Un día cualquiera ella mismo se sentó solita en el caballito y la peluquera cortó rapìdamente antes de que se bajara. No siempre resultaba, a veces íbamos y regresábamos sin poder cortarle el pelo, porque sencillamente no quería. Ibamos aprendiendo que ¨lo que resulta una vez no siempre resultará¨. Como padres y docentes nos quedamos prendados de los buenos resultados y cuando estos fallan nos angustiados pensamos que todos los chicos reaccionaran igual a los mismos procedimient...