Tejiendo habilidades. Tapiz
Andrómeda juega con sus hilos de colores, texturas y largos distintos.
Desde muy pequeña los usa para crear movimiento, para mantenerse sujeta a lo que conoce, para auto-regularse en momentos de ansiedad, los acompaña de una pieza que encaja, un botón, una cuenta de collares, una tapa con orificio, ese ensartar un objeto (distinto cada vez) , lo hemos ido convirtiendo en un trabajo para sus manos, trabajar la motricidad fina al necesitar ensartar un objeto en el hilo escogido que muchas veces no se corresponde en grosor y textura con la pieza a ensartar, trabajar la paciencia y la tolerancia.
La casa tiene muestras de hilos por todos sus rincones, Ella tiene estuches donde los vamos guardando, esos estuches salen de viaje con Ella. Sus amigos le regalan hilos hermosos, es interesante como se unen en sus gustos, entonces buscan hilos diferentes, hay hilos que han viajado en avión para venir a conocer a Andrómeda, Ella los recibe y les da su lugar. Ella los va dejando en lugares distintos, los mueve y ellos se desplazan junto con ella.
Ya hace algún tiempo que hemos querido convertir ese gusto por los hilos, el ensarte, las texturas en algo que cobre sentido.
Convertir la auto- estimulación en una actividad que la auto-regule, le disminuya la ansiedad y la concentre.
Entonces quisimos probar con un telar pequeño, cuadrado y una lana de colores hermosos. Los inicios no fueron sencillos, nosotros sabíamos qué hacer y el resultado esperado,
Pero cómo explicarle a una niña con Autismo esta actividad.?
Cómo hacer que se interese? Qué método usaremos?
Rocío , su maestra en la casa, inició esta labor, Andrómeda al comienzo rompía los hilos, deshacía el trabajo hecho, en varias ocasiones sólo ver el telar la incomodaba, pasaron semanas y la paciencia se agotaba; en un momento dado su maestra sintió que no sería posible.
Ayudamos a la maestra a encontrar un método, a creer que si se podía, la evidencia no nos ayudaba pero no podíamos concluir tan rápido.
Siguieron las pruebas, Rocío cortó la lana del tamaño justo del telar de manera que Andrómeda viera el inicio y el final, hacían líneas sencillas y cambiaban de actividad, se ponían metas pequeñas pero realizables.
Poco a poco el tapiz cobraba vida, color, dimensión, poco a poco Andrómeda fue entendiendo la tarea,
Es sumamente importante que Docente y Alumno disfruten lo que hacen, el premio es para ambas.
Ahora tenemos nuevos retos, telares de otras formas, trabajo con telas, otros hilos.
"Para que la magia exista hay que creer en ella"...Al comienzo no parecía posible, era frustrante para todos, a medida que nos fuimos relajando, probando maneras distintas de trabajar, fuimos ganando confianza, tolerancia, reforzamos la empatía y resultó un tapiz.
Gracias Rocío por seguir intentándolo, gracias Cheo por reforzar la seguridad en ambas.
Gracias Andrómeda por no dejar de intentarlo, por esforzarte cada día más en entendernos, por dejarte guiar y sonreír al ver el camino andado.
Seguiremos tejiendo tapices coloridos, de tamaños diversos y de texturas agradables. Tapices que iluminen el rostro de quiénes te conocen y te quieren.

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