Bitácora (I)
Querida Amanda!
Trataré de ser lo más precisa y detallada posible para que sientas que estuviste con nosotros.
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Siento que este viaje empezó a planearse hace más de un año, pero no me daba cuenta. Conocí a Diana el tercer día de mi inicio de vida en Bucaramanga, no hubiese imaginado en ese momento los lazos que va tejiendo el destino en silencio.
Salimos el jueves 11pm, un viaje planeado, con poco equipaje, la comida la llevamos desde aquí y tres carpas que nos alojarían durante nuestra permanencia en la playa.
Elkin, Lezly, Lucero, Diana y Yo.
Me encanta viajar por carretera, es algo que disfruto mucho. Viajes largos, paisajes variados, escuchar música y conversar con quienes me acompañan.
Una parte del camino manejó Lucero y la siguiente Elkin. Dormí gran parte del viaje, pero no me perdí el amanecer. Ese momento cuando la oscuridad total empieza a tener un borde de luz y poco a poco todo se va tornando claro y en minutos la noche guarda su manto y se retira. Ocho horas después llegamos a Rodadero, cerca de Santa Marta.
Noemí y Leopoldo viven lejos de la ciudad, hay que desviarse de la carretera principal y por un camino de tierra vas buscando su Posada que es la última. Llegas y se te despliega un paisaje maravilloso, decenas de palmeras te dan la bienvenida, cargadas de cocos, luego recibimos la advertencia " caminen rápido debajo de las palmeras porque los cocos caen sin previo aviso" y bueno como cualquier fruto, con la diferencia que si te cae una naranja en la cabeza la molestia es poca, pero un coco son palabras mayores.
Entras y te encuentras una hermosa cocina al aire libre, con techo y sin paredes, espaciosa y con toda la luz que puedas imaginar. Al lado el comedor, también luminoso y dos habitaciones sencillas, frescas, con el sol bañando todo el lugar. Un corredor con hamacas colgadas, palmeras, brisa marina, todo te invita a salir al mar.
Está la Maloca, la casa principal, la de huéspedes. Te envié el enlace pero nada que ver con verla en vivo, es hermosísima.
Noe y Leo viven felices allí. Alquilan La Maloca y así pueden hacer mantenimiento de todo el lugar.
Luego te diriges a la playa privada y te encuentras con un mar sonoro, alegre, siempre en movimiento. Fui con Diana y vimos que era un mar temperamental, casi me tumba en la orilla. Luego fui con Leo y Noemí que estos 10 meses ya le agarraron el truco y nos metimos, hay que correr y sortear las olas, el arrastre de regreso es muy fuerte porque la orilla es empinada, no es plana, y hay que entrar a lo profundo rápido y allí estás a salvo de las olas que regresan, pero te quedan las que vienen. Aprendimos rápido la primera tarde, nos golpeó, nos arrastró y después llegamos a un acuerdo y así nos mantuvimos esos tres días. Debe ser rico hacer surf allí, las olas son grandes y fuertes, así que quizás sirva para ese deporte, nosotros mientras tanto practicamos los gritos, las risas, la carrera veloz a la orilla.
Hicimos una " velada" en la orilla de la playa a media noche.... prendimos unos velones y nos sentamos a la orilla del mar oscuro y más sonoro que nunca a conversar. Tenía tiempo sin ver el cielo estrellado y esas noches el cielo se vistió de gala con todas sus estrellas y planetas y se unió. Esos momentos fueron muy importantes, el mar y las velas tuvieron un efecto catársico en nosotros. Luego dormir en carpa, con la luna espiando, rogando que no te den ganas de hacer pipí, suele suceder a media noche, justo a la hora de los cangrejos.
Al día siguiente, Julián nos recomendó ir a la Laguna Encantada, después de dar varias vueltas buscando el encanto, llegamos al sitio. Es una carretera estrecha de tierra, llegas y estacionas y a caminar se ha dicho, por el borde del río, hermoso, pero hay que caminar río arriba hasta que terminas encontrando una gran laguna con una caída de agua fuerte y generosa. Allí nos quedamos algunas horas y decidimos seguir nuestra aventura y nos fuimos a Palomino. Fijate querida Amanda, nosotros estábamos más hacia el lado de Riohacha y Palomino está en el departamento de La Goajira. Santa Marta queda en Magdalena. Estaba muy cerca de Venezuela entrando por el Zulia.
Queríamos conocer la playa pero estaban cerradas, aún no tienen estructurado lo del protocolo de bioseguridad. En Rodadero estaba abierta la playa, pero había muchísima gente, eso significa que tampoco tenían el protocolo de bioseguridad, pero abrieron, nosotros no entramos a ninguna playa distinta, teníamos nuestra playa y no era necesario exponerse.
Regresamos a la casa y como Elkin cumplía años, Leo había hecho una magnifica torta (sin horno) de plátano.
Voy pa lante y pa trás...como si conversáramos en persona. La primera tarde fuimos al rio cerca de la casa caminando por la orilla de la playa nosotros y Rolo, el guardian de la Posada. Rolo es un personaje super simpático, le ladra a todo lo que se mueve, muerde los tobillos si caminas muy rápido y te persigue si corres, nos acompañó todo el camino, es guapo y apoyao, se mete con todos los demás perros, con los niños, con los cangrejos, en fin, es un cachorro y ejerce.
El mar llega marrón y se une al oscuro del río, el mar cálido y el río frío, las corrientes revolotean una encima de la otra. El atardecer lleno de gaviotas, el cielo de colores diversos y los relámpagos, amo estos últimos.
La playa la disfrutamos mucho después de que aprendimos como entrar con humildad y con destreza. El mar tiene su personalidad, ese sonido que produce no es cuento, hay que escucharlo y atender, respetarlo y negociar la entrada y la salida.
Comimos rico y sencillo, sin darle mucha vuelta al asunto. Arepitas, huevos, pastas, papas, atún, sardinas. Nada de andar elaborando platos enredados o de coción larga, no era el tema del paseo. Tomamos agua de coco y nos zampamos una patilla gigante en una tarde de calor.
El ultimo día lo pasamos en casa, esquivando las palmeras y sus cocos que deciden caer sin anticipación, jugando con Rolo, meciéndonos en las hamacas, conversando con Noe, Leo y los otros húespedes.
Como te dije, Yo pasaba mi tiempo frente al mar, para mi es como un imán, no puedo dejar de verlo, de oirlo, de disfrutarlo, así que allí transcurrían mis horas.
Ese día el sol fue generoso y nos bañó durante toda la mañana y el inicio de la tarde y como por arte del clima cambiante, se desató un diluvio a media tarde, las carpas sufrieron semejante aguacero, nos dio tiempo apenas de salvar nuestras cosas y ponerlas a resguardo del agua que caía con unas gotas gigantes, en lugar de quedarnos viendo la lluvía caer nos fuimos todossss a caminar vía al río, Noemi, nosotros cinco y los húespedes.
Llovía a torrentes, casi con gotas que lastiman la piel tostada, muchos relámpagos nos recordaban lo fuerte que es la naturaleza. Llegamos y el río y el mar se abrazaban y se soltaban con cierta furía, como dos amantes que juegan, el agua bastante fría. Regresamos al cabo de un rato y la lluvía no nos daba espacio, llegamos y un olor exquisito salía de la cocina y era Leo cocinando una deliciosa conserva de Piña con Coco. Todos absolutamente empapados, a intentar vestirnos y ponernos a resguardo.
Esa noche permanecimos todos juntos, en el comedor, jugamos dominó, conversamos, tomamos agua de panela con limón caliente, y nos fuimos a nuestra ultima velada.
Esas reuniones alrededor de los velones fueron bellisimas, hablamos, nos atrevimos a quitarnos algunas capas de esas que te pesan pero no consigues el aliento para quitarlas y botarlas, nos conocimos mucho mejor, Noe nos acompañó una de las noches y ellos la conocieron mejor.
El viaje de regreso fue de día, salimos 8am de la Posada y manejó todo el trayecto Lucero, Elkin iba de controlador musical sentado atrás conmigo y Diana y los cinco cantamos a todo pulmón cualquier cantidad de canciones y géneros. Descubrimos que éramos más parecidos de lo que imaginábamos, que nos gustaban las mismas comidas y que lo que era distinto era la sazón, que hablamos el mismo idioma pero con diferentes acentos y palabras pero que aún así nos entendíamos y que estábamos siempre dispuestos a aprender del otro y que de regreso ya mezclábamos las palabras y entonces las conversaciones sonaban mas bonito, que la música es un lenguaje universal como los besos, que los vallenatos nos pertenecen y son desgarradores como nuestros boleros, que podemos pasar de una canción para abrirse las venas a una alegre y todo esto sin anestesia, que los gustos musicales son tan amplios como las historias personales, que podemos demostrarnos el cariño y amor que sentimos con palabras y gestos sencillos, que las carcajadas son una inyección de energía para el alma, que nuestros caminos y los colores de las carreteras se parecen a los nuestros, que cuando vas llegando a la Costa la primera visión del mar te deja sin aliento y se abren las llaves del llanto, que el Mar tiene un efecto narcótico, que el Sol y la Lluvía son dos caras de una misma moneda y dan se dan el turno para jugar.
Re-aprendes,
que la Amistad es un tesoro invaluable.
que la Libertad está en todos nosotros y hay que dejarla expresarse.
que el Respeto y el Cariño no tienen porque ir separados.
que la vida te ofrece regalos siempre,
(que no importa la indicación del número de personas por carpa, siempre quedan pequeñas)
que dormir en hamaca tiene un encanto especial y nos rememora a alguna edad dónde nos mecían para dormir,
que ponerse Retos y cumplirlos es un elixir poderoso,
que si esperamos el momento perfecto quizás aún estuviésemos haciendo los planes,
que hay que saltar al agua sin miedo,
que las lagunas si están encantadas,
que si crees en la magia seguro la vives.
(que los cangrejos más grandes salen de noche)
Bucaramanga, 13 Octubre 2020

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