Infancia, peliculas, libros, televisión (Parte I)

 Amanda!!!! me voy poniendo histórica y anecdótica y quería contarte algunos recuerdos que van saliendo de nuestras ultimas conversaciones.

Creo que leo desde antes de nacer, es decir, recuerdo haber leído siempre, gracias a ese complot de mis hermanas que siempre me mantenían con ellas en todos los juegos, tareas, paseos, y en sus lecturas de cuanto caía en sus manos.  Te conté que Beatriz se adjudicó la propiedad sobre mí?  Yo era de Ella, así lo estableció cuando mamá llegó conmigo del hospital y a Rafaela y a Nelly las tranquilizó con la idea de que pronto llegaría el de ellas, así que mi hermana mayor se convirtió en mi protector-guardián-maestra-amiga-y muchas cosas más a medida que crecíamos, (Nelly y Rafaela aún deben estar esperando). Recuerdo pertenecer a ese grupo de niñas que hacían todo juntas, desde las tareas hasta las travesuras, los castigos a veces quedaban repartidos entre todas a menos que se descubriera el actor intelectual, que por lo general era Beatriz, aunque tu abuela Rita para ser más democrática, la mayoría de las veces nos castigaba a todas y así aseguraba que el culpable recibiese su merecido. Nosotras nos acostumbramos a ese proceder y con el tiempo establecimos una fortaleza entre nosotras difícil de atravesar, la misma que hoy en día nos mantiene unidas.

Vuelvo al hábito/vicio de leer.

Vivíamos en un pueblo llamado Mendoza Fría, en Trujillo, una calle que sube otra que baja, una iglesia, una plaza y listo se acabó, allí estuvimos hasta mis 5 años. Mi papá estaba suscrito a la revista Visión, (debo buscar la historia de esta suscripción y mi padre) , la revista Selecciones del Reader’s Digest y a la revista Mecánica Popular, nosotras nos leíamos esas revistas completas (menos las de Mecánica Popular)  no teníamos libros en casa, sólo el libro de la escuela con la que todos los grados de primaria aprenderían lo necesario para salir adelante, se llamaba ArcoIris, era un libro grueso y grande, con muchos dibujos y fotos, muy entretenido, que nosotras nos leímos absolutamente completo. Las cuatro aprendimos todo lo esencial para nuestras distintas edades con ese libro.

Tu abuelo Víctor, compraba el diario El Nacional todos los días religiosamente y nosotras lo leíamos, no recuerdo desde cuándo leía sólo se que imitaba a mis hermanas y a mi papá, sentadas todas en la sala y cada una con  un cuerpo del periódico, esa imagen la revivo constantemente.

Se que leía antes de escribir.

La escuela me tocó en Coro, una ciudad caliente, arenosa, donde parecía que el tiempo se había detenido. Recuerdo que mi papá desapareció de la escena familiar estando Yo pequeña,  pero uno no preguntaba nada, no se hacía conjeturas tampoco, no había televisión por tanto no sabíamos de dramas, vivíamos al ritmo que los padres te marcaban y calladas. Ser calladas era una virtud muy preciada, sobre todo en las mujeres.

Nuestra casa en Coro era muy espaciosa, abierta y luminosa y algo silenciosa apesar que nos tenía a nosotras de habitantes, que éramos cuatro!, mis hermanas ya estaban entrando en la pubertad y se dejaron de travesuras y nos dividimos en dos, Beatriz y Rafaela iniciaron un camino juntas y Nelly y Yo continuamos el mundo de los juegos. Teníamos dos gatos negros que eran nuestros compañeros en los juegos en tardes donde el calor era tan adormecedor que nuestra madre caía sin remedio en una siesta larga.  Nelly y Yo siempre estábamos en el patio de la casa jugando a cualquier cosa que significara acción, si estábamos en la selva los gatos eran unas panteras, veíamos unas caricaturas de Batman en el periódico y entonces ella por supuesto era Batman y Yo Robin, y los gatos eran los malos de Gatubela. Nuestra imaginación nos llevó por historias con desiertos, con playas,  montañas, éramos cualquier personaje que se nos ocurriera, a veces Beatriz y Rafaela regresaban con nosotras y el juego adquiría otros matices, ya éramos 4 personajes y los diálogos y la acción eran más interesantes.

Yo creo tendría 7 años recién  cuando llegó la televisión a nuestra casa, un aparato macizo, pesado  que transmitía imágenes en blanco y negro en dos canales  que nos acompañaron por mucho tiempo, hasta que apareciera la televisión por cable o satelital, que es la que tu conoces y que te ofrece más canales de lo que realmente quisieras ver y terminas viendo siempre los mismo dos. Con la televisión llegaron las películas en casa, la oferta no era muy variada pero tu abuela Rita nos dejaba acompañarla tarde en la noche, después del Noticiero de las 10pm y junto con ella nos sumergimos en películas hechas para la televisión. Esas películas fueron fundamentales para nuestra infancia/pubertad/adolescencia, para nuestros juegos y aventuras, descubrimos a Franskestein, El Conde Drácula, La Momia, El Monstruo de la Laguna Negra, la Maldición de Tutankamun (las repetían mucho pero nosotros las volvíamos a ver), vimos Casa Blanca, conocimos a Abbot y Costello, vimos la primera serie televisada de Superman, conocimos al verdadero Batman y Robin, al Zorro original, Marilyn Monroe se nos presentó en ocasiones y años después fue que conocí la tragedia de su vida.

Con papá veíamos unas series que pasaban más temprano, después de cenar nos sentábamos con él y compartíamos sus gustos.  Luego llegó la televisión a color, que dio vida a los dos canales existentes, aclaratoria, los canales eran locales, es decir cada país tenía su programación, lo que veíamos en Venezuela no se veía en otros países y viceversa, un poco para te hagas una idea del mundo en que crecí y del tuyo.

Luego los canales locales iniciaron las compras de los programas de otros países y entonces la oferta aumentó porque los canales competían por la sintonía, ganando siempre los espectadores que pudimos ver películas y series más actuales.

Así nos llegaron los ANgeles de Charlie (con las inigualables y originales ), la Pasión de Jesucristo (que cada Semana Santa nos la repetían y nosotras volvíamos a ver con fe ciega) , los 10 Mandamientos, Sansón y Dalila, 1000 años A.C. con Raquel Welch ( esa visión de la Welch en la prehistoria es única, imborrable), y un sinfín de películas que marcaron nuestras vidas y nuestras conversaciones, hay una cultura cinematográfica de televisión y cine, que tiene mi generación que nos permite hablar con muletillas que tienen que ver con estas historias, y que a veces uds. se pierden por no entender las analogías.

Prosigo con mi infancia y demás detalles

 En Coro inicié la escuela y con ella mi proceso de escritura, me encantaba leer y escribir, eso lo recuerdo bien, en bachillerato inicié mis primeros escritos, que por lo general eran sobre amores no correspondidos. La adolescencia, las hormonas y el encierro al cual tu abuela nos tenía sometidas hizo que mis primeros escritos se desplegaran, pero eran prohibidos, es decir, no podía compartirlos con nadie, entonces se quedaron encerrados en un cuaderno que se extravió en algunas de mis mudanzas hacia la autonomía.

Las primeras veces que fuimos al cine fue con papá, que nos llevaba a ver películas de acción, películas de vaqueros y las de James Bond, estas últimas nos encantaban, recuerdo que mi papá fumaba en el cine y Yo me subía a sus piernas para ver mejor. No recuerdo la película en sí, pero lo recuerdo a El.

El cine nos gustaba a todas, llegábamos a la casa y recreábamos lo que habíamos visto, Beatriz siempre tan equilibrada nos ponía los papeles y los nombres y nos adjudicaba las acciones, y con James Bond 007, fue la  cumbre de lo equitativo, nos llamamos Agente 001, 002, 003 y 004, así todas éramos protagonistas, me encanta esta anécdota y te la cuento porque así es tu tía Beatriz hasta el sol de hoy. (Rafaela moría por ser la Agente 007!!!!!!!)

Fuimos creciendo y de repente vivíamos en Mérida, una ciudad siempre hermosa, con la Universidad que le daba vida y esplendor, con teatros, cines, propuestas culturales. Y Nosotras creciendo allí. Apenas entré a la Universidad supe que el mundo era muy distinto y podía marcar el ritmo, no habían horarios escolares, ni citas a los representantes, ni quejas, ni reportes, era el inicio de la independencia. Iba al cine una vez por semana y fui teniendo siempre amigos para compartir semejante adicción. En Mérida se sucedían anualmente los Festivales de Cine (Venezolano, Español, Francés, Italiano), siempre teníamos propuestas varias y eso hacía del ambiente algo muy enriquecedor, esa época dorada nos la disfrutamos completa tu tía Nelly y Yo.

Luego llegó el cine en casa, con la sorprendente oferta de alquilar la película, verla tantas veces como quisieras y pagar una sola vez por ella, esa idea nos cambió la vida. Entonces nuestro grupo de amigos de siempre además de seguir yendo a las salas de cine semanalmente, hacíamos maratones de cine entre nosotros, esta manera de interactuar nos hizo cambiar la manera de ver la película, poder detenerla, regresar las escenas que nos llaman la atención, escuchar los diálogos una y otra vez, pausar y discutir sobre lo que veíamos y continuar.  

Continuará…

 

Bucaramanga, 15 noviembre 2020

 

 

 


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