Presente Perfecto Continuo



Queridas Amanda y Salúa:

Hay conexiones que se inician desde el momento en que nacemos, los hermanos son una de ellas. Yo soy la cuarta del grupo de mis hermanas y cuando mamá regresó de la clínica conmigo a la casa, Beatriz mi hermana mayor, declaró fuerte y preciso: “ella es mía, ya mamá traerá la de uds.”, así Rafaela y Nelly no sólo se quedaron esperando sino que además respetaron la declaración de los derechos de Beatriz sobre mí. Crecimos juntas, inseparables, éramos un montoncito de niñitas peinadas y vestidas iguales, caminando juntas a todos lados, cantando las canciones de la radio a todo pulmón en la ventana de la sala y donde la calle nos oía, leyendo la revista Visión, el periódico del domingo, imitando los gestos de papá.

Beatriz siempre a mi lado, me enseñó a caminar, me cuidaba de los juegos peligrosos que ella misma inventaba y donde Rafaela y Nelly eran sus conejillos de indias. 


Crecimos como lo dicta la naturaleza y en la adolescencia creamos una fortaleza a nuestro alrededor que nos permitía ser felices, alegres, crecer. Fuimos un bloque, creo que Beatriz y Rafaela seguían protegiéndonos a Nelly ya mi de las historias de los adultos que tarde o temprano decidirán nuestros destinos.


Muy jóvenes cada una iniciada su camino, siempre en comunicación con los demás. Llegaron poco a poco los sobrinos, esos regalos de la vida que no se bien explicar, es una emoción distinta, es un nexo bellisimo, se parecen a nosotras y por el otro lado son tan distintos, son mágicos, nos entienden, nos conocen, se rien de nuestros chistes, conocen nuestro pasado y construyen con nosotros el futuro.


Salua, Amanda, Uds. vinieron con nosotros. Fue un viaje por el tiempo, las canciones de otros días, los cuentos de la adolescencia, escuchar las historias de los chamos, sus vidas, sus alegrías, sus gustos, quererlos, abrazarlos, consentirlos.


Salíamos todos juntos, un montoncito de gente que se quiere, que camina abrazada, comer, beber, hablar, jugar. Jugábamos hasta la medianoche, hablábamos hasta quedar afónicos (prueba de ello Sofía que casi pierde la voz). 


El centro de Mérida un sábado por la tarde desolado, pero hacíamos bulla al pasar. 


La lluvia, el sol, las nevadas, los derrumbes, la luz que se va, el agua que llega. El gavilán que nos visitó, las ardillas por las tardes.


Recorrer los recuerdos, Los Chorros de Milla, el Parque Beethoven, la Milagrosa, la Humboldt, el Rodeo, en todos nuestros paseos uds. estaban con nosotros.


Salua…tu llamada para darnos el resultado del último eco, que felicidad !!!!

Conocer a Danna ya Anja a través de los cuentos de los abuelos y de la tía, las anécdotas, las ocurrencias de Anja.


Amanda, una lluvia de preguntas y de felicitaciones de parte de todos, muchos abrazos y besos de los amigos que te conocieron pequeña.


Nosotras como hermanas descubrimos que no hemos dejado de comunicarnos y de mantener ese hilo infinito que nos mantiene unidas, descubrir que nuestras vidas han sido un continuo de experiencias, emociones, y que siempre hemos estado juntas, las lágrimas de felicidad al vernos y al despedirnos. . , las carcajadas, los gustos mantenidos y conocidos.


Mérida, la ciudad elegida para vernos, la ciudad que nos vió crecer, madurar. Nos fortalecimos rodeadas de montañas nevadas, nos empapamos de sus aguaceros vespertinos, allí las cuatro aprendimos a nadar compartimos el amor por el agua (unas más que otras), allí aprendimos a amar el cine, la literatura, las artes, y eso se ha. . traspasado a uds.

Mérida nos brindó el frío, el calor tenue, las lluvias torrenciales, la buena comida, los amigos que nos visitaron e hicimos fiesta con cada uno, fueron 6 días extraordinarios, 6 días que se sumarán a los recuerdos y anécdotas de todos, 6 días que nos darán que hablar por mucho tiempo.


Aprendí a abrazar cada vez más, a extrañar y decirlo a viva voz, a pensar menos y reír más, a no mirar el reloj y compartir el tiempo, a no contar las cervezas ni las tazas de café, a dejarme la pijama puesta, a comer dulce a cualquier hora del día, a conversar y escuchar seis conversaciones a la vez, a perderme en las fotos viejas, a reirme de los mismos chistes de siempre, aprender a escuchar a los chamos, aprender que el helado mientras más grande es más fácil es de compartir, que los pasillos se pueden caminar una y otra vez y el sentido lo da la compañía y la conversación, que el amanecer tiene matices muy distintos depende de dónde y con quién estés, que las tardes traen los aromas del día y el del café recién colado, que las noches pueden ser largas y el sueño puede esperar, que la compañía, el amor, la fraternidad, la complicidad, el compañerismo son tesoros que la vida nos presenta y está en nosotros el saberlos mantener y enriquecer.


La vida nos da oportunidades para amar y ser amados no hay que desaprovechar esos momentos. 


Las quiero,


mg

Bucaramanga, 5 de Noviembre de 2023



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